En el tradicional barrio de San Andrés nos encontramos con un antiguo caserón del siglo XVI conocido como “Palacio de Orive”, “Casa de los Villalones” o, como otros prefieren referirse a él, “la casa encantada”. Su fachada de estilo renacentista, la enigmática figura de su dintel y, sobre todo, el oscuro pasado que podrían encerrar sus muros, provoca que a muchos se les acelere el corazón cuando se aproximan a sus inmediaciones.

Es otro de esos edificios oficiales en los que un gran número de trabajadores coinciden en haber sido testigos de lo insólito: extrañas vibraciones del suelo, luces que se encienden solas, un macabro lamento que se escucha en ocasiones en las plantas inferiores y la aparición de una bella joven ataviada con vestido blanco y vaporoso que porta una vela amarilla en la mano.

Según fuentes antiguas, en esta casa vivía un corregidor llamado don Carlos de Ucel y Guimbarda.  Este hombre quedó viudo siendo todavía joven y cuenta la leyenda que su única hija, de nombre Blanca, fue víctima de una maldición que trajo a la familia una horrible desdicha.  En mitad de una fuerte tormenta, el corregidor recibió la inesperada visita de unos extraños viajeros que no tenían donde pasar la noche, y a los que Don Carlos invitó a alojarse en su propia vivienda.

Su hija, atraída por el extravagante aspecto de los huéspedes, pronto comenzó a espiarlos por el ojo de la cerradura para comprobar que habían iniciado un misterioso ritual mágico al rededor de una pequeña vela amarilla.  Mediante un extraño conjuro, uno de los hombres abrió un agujero en el suelo y descendió por el mismo para extraer las riquezas que se ocultaban en el subterráneo de la casa.

Sin poder dar crédito a lo que sus ojos acababan de contemplar, doña Blanca repitió la noche siguiente el ritual aprendido. La vela amarilla permitió abrir de nuevo el orificio y la joven bajó por el mismo en busca de los incontables tesoros que ocultaban las profundidades. Sin embargo, la niña no fue consciente de que la vela se consumía rápidamente, y de repente, el agujero se cerró bruscamente dejando a doña Blanca sepultada bajo el suelo. Sus gritos de auxilio y los intentos desesperados de don Carlos por rescatar a su hija fueron estériles. Años después, el corregidor murió sólo y desesperado tras haber perdido lo único que aportaba sentido a su vida.

A partir de este momento nació el rumor de que al caer la noche, gritos y lamentos provienen del interior del palacio, y que una perturbadora sombra se deja ver junto a sus ventanas. Incluso Ramírez de Arellano deja escrito en el siglo XIX en sus “Paseos por Córdoba” que “una sombra misteriosa recorre de noche toda esta casa en la que muchos aseguran haberse asombrado, atribuyéndolo al alma de doña Blanca que aún vaga por aquellos contornos”.  Más de un siglo después, la leyenda del fantasma de la hija del corregidor continúa más viva que nunca…

 

José Manuel Morales, guía de Rutas Misteriosas
Descubre la historia completa del Palacio de las sombras de la mano de un investigador y experto en parapsicología en la ruta nocturna Córdoba Misteriosa.