Resistiendo orgulloso el paso del tiempo, en pleno corazón de la judería cordobesa encontramos un emblemático edificio visitado a diario por cientos de turistas que fotografían sus patios y recorren sus pasillos sin tener la menor idea del inquietante secreto que se esconde tras sus muros: la actual facultad de Filosofía y Letras ha sido el hospital de agudos de Córdoba durante casi tres siglos, y por tanto, uno de los enclaves donde mayor número de muertes se han registrado.  En parapsicología se asegura que los centros hospitalarios son lugares propensos a albergar los espíritus de los enfermos que allí perecieron. De ser eso cierto, este sería un lugar ideal para pasar una noche en vela.

El antiguo hospital del Cardenal Salazar se construye a principios del siglo XVIII con fines caritativos, y desde sus inicios es concurrido por toda suerte de marginados por la sociedad: pobres, dementes y contagiados por enfermedades venéreas, cuyo único anhelo era alcanzar allí un digno encuentro con la muerte. Un siglo después pasa a ser el principal hospital de agudos de la ciudad, convirtiéndose en uno de los lugares más concurridos durante las terribles epidemias de cólera que sufre Córdoba entre 1.835 y 1.885. Curiosamente, casi desde su fundación, los pacientes ya empezaban a hablar de sombras que deambulaban por sus pasillos e incluso de haber recibido la visita a media noche de pacientes fallecidos algunas semanas antes.  En 1.969 cesan sus funciones hospitalarias y se transforma en facultad y desde entonces, una larga lista de testimonios de vigilantes nocturnos, personal de mantenimiento y alumnos nos hablan de situaciones demasiado extrañas para tratarse sólo de sugestión colectiva.

Como en tantos otros edificios, uno de los gremios más castigados es el de las señoras del equipo de limpieza. En un pasillo de la planta baja, una de ellas aseguraba haber sufrido un terrorífico encuentro con un hombre vestido con un extraño pijama de hospital, cuyo rostro se encontraba totalmente picado de viruela. En la planta superior, en el despacho de un profesor, otra limpiadora charlaba un lunes cualquiera con éste sobre cómo habían pasado ambos el fin de semana, mientras deslizaba el trapo sobre una estantería. Al salir del despacho, la pobre mujer se quedó estupefacta al recibir la terrible noticia de que dicho profesor había fallecido el viernes anterior en su domicilio a causa de un infarto. La vigilancia del centro corre a cargo de cámaras de seguridad, quizá debido a que los últimos guardas que hicieron rondas nocturnas en sus estancias hablaban de luces que jugaban a encenderse y apagarse, susurros que los llamaban por su nombre, e incluso la aparición de un niño de cabellos rubios y rizados, de unos seis años de edad, vestido con un antiguo uniforme de colegio.

No debemos olvidar que en inmuebles como éste la sugestión puede jugar malas pasadas, sobre todo si tenemos en cuenta una serie de detalles macabros que traen rápidamente a la memoria el pasado fúnebre de algunas aulas y estancias del actual centro educativo.

 

José Manuel Morales, guía de Rutas Misteriosas
Descubre la historia completa del antiguo Hospital de Agudos de la mano de un investigador y experto en parapsicología en la ruta nocturna Córdoba Misteriosa.